En la porcicultura moderna, las prácticas de manejo se han perfeccionado constantemente para satisfacer las demandas productivas y, al mismo tiempo, garantizar el bienestar de los animales. En un entorno natural, el destete de los lechones ocurre de manera gradual, entre la 11.ª y la 17.ª semana de vida, permitiendo una transición suave de la leche materna a una dieta sólida. Sin embargo, en los sistemas de producción, el destete se anticipa a la 3.ª o 4.ª semana, de forma planificada, con el objetivo de atender las particularidades de la producción y brindar el mejor cuidado posible dentro de este contexto. Aunque representa un cambio importante para los lechones, el manejo cuidadoso de esta etapa ha sido un foco de gran atención y evolución en el sector, buscando minimizar los impactos y promover condiciones que respeten las necesidades de los animales.
Después del destete, los lechones enfrentan diversos cambios que aumentan el estrés y comprometen su inmunidad. Además de la ausencia de la madre, se ven expuestos a nuevos entornos y mezclados con otras camadas, lo que requiere la reestructuración de la jerarquía social. Estas condiciones pueden resultar en una disminución de la inmunidad y un aumento en la incidencia de enfermedades entéricas. Para reducir estos impactos, es fundamental adoptar cuidados específicos en el manejo ambiental, nutricional y sanitario de los lechones.
El traslado de los lechones de la maternidad al área de destete debe realizarse en momentos frescos del día y de forma tranquila, con los animales distribuidos en los corrales de manera homogénea, respetando su tamaño y sexo. Antes de la llegada de los lechones, las instalaciones deben estar limpias, desinfectadas, secas y con un periodo de vacío sanitario adecuadamente respetado. Es esencial garantizar una ventilación constante en el ambiente, evitando la acumulación de gases y corrientes de aire que puedan perjudicar la comodidad de los animales. La temperatura durante las primeras semanas del destete debe controlarse rigurosamente, comenzando a 28°C y reduciéndose 1°C por semana. El uso de termómetros a la altura de los animales es indispensable para monitorear su confort térmico. Lechones amontonados, con poca actividad y bajo consumo de agua y alimento, indican frío, mientras que animales dispersos, con piel enrojecida, sugieren estrés por calor.
Pequeñas acciones pueden contribuir al bienestar de los lechones, como el enriquecimiento ambiental con juguetes simples, como cadenas, que estimulan comportamientos naturales y reducen el estrés. La densidad de los corrales debe ser adecuada, con al menos 0,45 m² por lechón en pisos sólidos y 0,33 m² en pisos de rejilla, evitando la sobrepoblación y promoviendo la comodidad de los animales. Además, es importante ajustar los comederos y bebederos a la altura de los lechones, garantizando que todos puedan alimentarse e hidratarse al mismo tiempo. Se recomienda un espacio de 10 a 13 cm en el comedero por lechón y un bebedero de chupete para cada diez animales, con un flujo de agua ideal de 250 ml por minuto.
El manejo nutricional desempeña un papel fundamental en el desarrollo de los lechones. Para minimizar los impactos del destete, el primer alimento ofrecido en el área de destete debe ser el mismo que se utilizó en la maternidad, promoviendo familiaridad. El consumo de agua y alimento debe estimularse desde el inicio, ofreciendo papillas y soluciones hidratantes. Los alimentos de esta etapa están formulados con ingredientes altamente digestibles, como lactosa y plasma sanguíneo, pero deben sustituirse gradualmente por maíz y harina de soya, conforme madura el tracto gastrointestinal de los lechones. Es indispensable garantizar la limpieza de los comederos para evitar fermentaciones que comprometan el consumo.
La salud de los lechones debe monitorearse diariamente. Los animales con signos de enfermedad, deshidratación o desarrollo comprometido deben separarse y ubicarse en corrales específicos para recibir suplementación y, si es necesario, medicación. Cuando se manipulen, como en el caso de las vacunaciones, los lechones deben ser tratados con cuidado para evitar lesiones o estrés adicional. Finalmente, el monitoreo constante y la adopción de buenas prácticas de manejo son indispensables para garantizar el bienestar, el crecimiento saludable y la homogeneidad de los lotes, resultando en una producción más eficiente y sostenible.
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